ABOGADOS EN LOS MEDIOS

Motiva estas breves reflexiones la preocupación que causa en este Colegio la reiterada y cada vez más frecuente, exposición de los abogados en los medios, ventilando asuntos que tramitan, divulgando sus entretelones, alegando sobre las pruebas agregadas al expediente y, cuando no, vituperando las decisiones judiciales recaídas.

No nos parece apropiado que los abogados ventilen en los medios los avatares de los asuntos en los que intervienen.

En primer lugar, y en el ámbito bonaerense, porque tal actividad se encuentra expresamente vedada por las Normas de Ética Profesional para Abogados de la Provincia de Buenos Aires que, en su artículo 18º, referido a la publicidad, prescriben: “El abogado debe reducir su publicidad a avisar la dirección de su Estudio, sus nombres, títulos científicos y horas de atención al público. No debe publicar ni inducir a que se hagan públicas noticias o comentarios vinculados a los asuntos en que intervenga, a la manera de conducirlos, la importancia de los intereses comprometidos y cualquier ponderación de sí mismo. Debe abstenerse de publicar escritos judiciales o las discusiones mantenidas con relación a los mismos asuntos…”.

Las Normas de Ética constituyen legislación positiva porque no son más que la reglamentación de la ley 5.177, función que se encuentra a cargo del Colegio de Abogados de la Provincia, por remisión del art. 25 inc. 8° de la norma en comentario y 32 inc. b) del decreto 5410/49.

De tal forma, la actividad que criticamos, resulta violatoria de la ley vigente y, como tal, susceptible de sanción disciplinaria, al menos en el ámbito provincial referido.

No se nos escapa que el mismo art. 18 finaliza señalando que si circunstancias extremas o causas particulares muy graves justifican una exposición al público, no debe hacerse anónimamente; para añadir: “…y en este caso, que es mejor evitarlo, no deben incluirse referencias a hechos extraños al proceso, más allá de las citas y documentos de los autos…”.

Pero, en realidad, nos estamos refiriendo a la práctica generalizada de exposición de los profesionales de la abogacía en los medios con la finalidad de debatir o exponer detalles de los asuntos que se procuran.

Y es ésta, básicamente, la raíz de nuestra inquietud, toda vez que interpretamos que, al margen de la violación de la ley, la conducta que objetamos resulta contraria a la dignidad profesional y a la discreción y seriedad que debe caracterizar el menester abogadil.

No vamos a soslayar que el modo de ejercer la abogacía ha cambiado vertiginosamente en los últimos años y que, también en gran medida, lo ha sido al compás del desarrollo de las comunicaciones. Estamos convencidos de que ello requiere una permanente modernización en el modo de ejercer la profesión para que, a través de ella, podamos brindar a los justiciables las respuestas que la hora requiere. Pero, a pesar de ello, pensamos que los abogados deben resistirse a la difusión mediática de sus asuntos, para comportarse con suma reticencia en la publicación de las eventualidades de los expedientes o causas que se les encomienden porque ello conlleva al desbaratamiento de la imagen del abogado frente al público.

La frenética dinámica de los tiempos que corren y el avance incesante de la tecnología, no debe hacernos olvidar del compromiso que asumimos como estructura imprescindible de la justicia, lo que nos obliga a proceder públicamente con reserva y compostura y nos impide ofrecer nuestros servicios como un producto más del mercado.

Pero, en realidad, sobre toda esta cuestión subyace otra que resulta aún más espinosa y que se vincula con la propaganda profesional. No resulta novedoso el afirmar que la televisión constituye el medio de difusión masiva más importante que se conoce y que los profesionales que acceden a ella ya sea en razón de la trascendencia de los asuntos que manejan o por otros motivos terminan, voluntaria o involuntariamente, publicitando sus servicios del modo más ventajoso y eficaz aún cuando no más decoroso.

Y decimos esto porque interpretamos que los modos de anunciarse que también se encuentran reglamentados en la ley 5.177 no deben resultar incompatibles con la dignidad profesional del letrado (art. 16 de la Normas de Ética) ni con la gravedad de los intereses que se le han confiado.

Es decir que, si bien no resulta inapropiado que el abogado, al igual que cualquier otro profesional, anuncie sus servicios o informe al público acerca de sus títulos o de los asuntos que atienda especialmente, tal difusión debe resultar ajustada a la ley vigente y ser compatible con el recato y la mesura que deben caracterizar el ejercicio de la profesión.

La actividad que desaprobamos, que consiste en la exposición en los medios de los asuntos a cargo del abogado no resulta ajustada a las normas que regulan la profesión de abogado ni tampoco a la sobriedad que debe gobernar la actividad profesional.

Consejo Directivo CABB

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